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CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA (2ª PARTE)

| martes, 19 de febrero de 2013




 
 
Catecismo de la Inglesia Católica promulgado en 1992
por mi venerado y amado Predecesor,
el Papa Juan Pablo II.
 
Ahora, con gran gozo, apruebo y promulgo
el Compendio de este Catecismo

Dado en Roma, junto a San Pedro,
el 28 de Junio de 2005,
víspera de la Solemnidad de los Santos Apóstoles
Pedro y Pablo,
año primero de mi Pontificado.

 
BENEDICTUS PP. XVI

 


LA SAGRADA ESCRITURA
 
18. ¿Por qué decimos que la Sagrada Escritura enseña la verdad?
(105-108; 135-136)
 
Decimos que la Sagrada Escritura enseña la verdad porque Dios mismo es su autor: por eso afirmamos que está inspirada y enseña sin error las verdades necesarias para nuestra salvación. El Espíritu Santo ha inspirado, en efecto, a los autores humanos de la Sagrada Escritura, los cuales han escrito lo que el Espíritu ha querido enseñarnos. La fe cristiana, sin embargo, no es una “religión del libro”, sino de la Palabra de Dios, que no es “una palabra escrita y muda, sino el Verbo encarnado y vivo” (San Bernardo de Claraval).
 
19. ¿Cómo se debe leer la Sagrada Escritura?
(109-119; 137)
 
La Sagrada Escritura debe ser leída e interpretada con la ayuda del Espíritu Santo y bajo la guía del Magisterio de la Iglesia, según tres criterios: 1) atención al contenido y a la unidad de toda la Escritura; 2) lectura de la Escritura en la Tradición viva de la Iglesia; 3) respeto de la analogía de la fe, es decir, de la cohesión entre las verdades de la fe.
 
20. ¿Qué es el canon de las Escrituras?
 (120; 138)
 
El canon de las Escrituras es el elenco completo de todos los escritos que la Tradición Apostólica ha hecho discernir a la Iglesia como sagrados. Tal canon comprende cuarenta y seis escritos del Antiguo Testamento y veintisiete del Nuevo.
 
21. ¿Qué importancia tiene el Antiguo Testamento para los cristianos?
(121-123)
 
Los cristianos veneran el Antiguo Testamento como verdadera Palabra de Dios: todos sus libros están divinamente inspirados y conservan un valor permanente, dan testimonio de la pedagogía divina del amor salvífico de Dios, y han sido escritos sobre todo para preparar la venida de Cristo Salvador del mundo.
 
22. ¿Qué importancia tiene el Nuevo Testamento para los cristianos?
(124-127; 139)
 
El Nuevo Testamento, cuyo centro es Jesucristo, nos transmite la verdad definitiva de la Revelación divina. En él, los cuatro Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, siendo el principal testimonio de la vida y doctrina de Jesús, constituyen el corazón de todas las Escrituras y ocupan un puesto único en la Iglesia.
 
23. ¿Qué unidad existe entre el Antiguo y el Nuevo Testamento?
(128-130; 140)
 
La Escritura es una porque es única la Palabra de Dios, único el proyecto salvífico de Dios y única la inspiración divina de ambos Testamentos. El Antiguo Testamento prepara el Nuevo, mientras que éste da cumplimiento al Antiguo: ambos se iluminan recíprocamente.
 
24. ¿Qué función tiene la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia?
(131-133; 141-142)
 
La Sagrada Escritura proporciona apoyo y vigor a la vida de la Iglesia. Para sus hijos, es firmeza de la fe, alimento y manantial de vida espiritual. Es el alma de la teología y de la predicación pastoral. Dice el Salmista: “lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero” (Sal 119, 105). Por esto la Iglesia exhorta a la lectura frecuente de la Sagrada Escritura, pues “desconocer la Escritura es desconocer a Cristo” (San Jerónimo).

 CAPÍTULO TERCERO
 
 
LA RESPUESTA DEL HOMBRE A DIOS
 
CREO

 25. ¿Cómo responde el hombre a Dios que se revela?
(142-143)
 
El hombre, sostenido por la gracia divina, responde a la Revelación de Dios con la obediencia de la fe, que consiste en fiarse plenamente de Dios y acoger su Verdad, en cuanto garantizada por Él, que es la Verdad misma.
 
26. ¿Cuáles son en la Sagrada Escritura los principales modelos de obediencia en la fe?
(144-149)
 
Son muchos los modelos de obediencia en la fe en la Sagrada Escritura, pero destacan dos particularmente: Abraham, que, sometido a prueba, “tuvo fe en Dios” (Rm 4, 3) y siempre obedeció a su llamada; por esto se convirtió en “padre de todos los creyentes” (Rm 4, 11.18). Y la Virgen María, quien ha realizado del modo más perfecto, durante toda su vida, la obediencia en la fe: “Fiat mihi secundum Verbum tuum – hágase en mi según tu palabra” (Lc 1, 38).
 
27. En la práctica ¿qué significa para el hombre creer en Dios? (150-152; 176-178)
 
Creer en Dios significa para el hombre adherirse a Dios mismo, confiando plenamente en Él y dando pleno asentimiento a todas las verdades por Él reveladas, porque Dios es la Verdad. Significa creer en un solo Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
 
28. ¿Cuáles son las características de la fe?
(153-165; 179-180; 183-184)
 
La fe, don gratuito de Dios, accesible a cuantos la piden humildemente, es la virtud sobrenatural necesaria para salvarse. El acto de fe es un acto humano, es decir un acto de la inteligencia del hombre, el cual, bajo el impulso de la voluntad movida por Dios, asiente libremente a la verdad divina. Además, la fe es cierta porque se fundamenta sobre la Palabra de Dios; “actúa por medio de la caridad” (Ga 5,6); y está en continuo crecimiento, gracias, particularmente, a la escucha de la Palabra de Dios y a la oración. Ella nos hace pregustar desde ahora el gozo del cielo.
 
29. ¿Por qué afirmamos que no hay contradicción entre la fe y la ciencia?
(159)
 
Aunque la fe supera a la razón, no puede nunca haber contradicción entre la fe y la ciencia, ya que ambas tienen su origen en Dios. Es Dios mismo quien da al hombre tanto la luz de la razón como la fe.
 
Cree para comprender y comprende para creer
(San Agustín)
 
 
CREEMOS

 
 30. ¿Por qué la fe es un acto personal y al mismo tiempo eclesial?
(166-169; 181)
 
La fe es un acto personal en cuanto es respuesta libre del hombre a Dios que se revela. Pero, al mismo tiempo, es un acto eclesial, que se manifiesta en la expresión “creemos”, porque, efectivamente, es la Iglesia quien cree, de tal modo que Ella, con la gracia del Espíritu Santo, precede, engendra y alimenta la fe de cada uno: por esto la Iglesia es Madre y Maestra.
 
“Nadie puede tener a Dios por Padre
si no tiene a la Iglesia por Madre”
(San Cipriano)
 
31. ¿Por qué son importantes las fórmulas de la fe?
(170-171)
 
Las fórmulas de la fe son importantes porque nos permiten expresar, asimilar, celebrar y compartir con los demás las verdades de la fe, utilizando un lenguaje común.
 
32. ¿En qué sentido la fe de la Iglesia es una sola?
(172-175; 182)
 
La Iglesia, aunque formada por personas diversas por razón de lengua, cultura y ritos, profesa con voz unánime la única fe, recibida de un solo Señor y transmitida por la única Tradición Apostólica. Profesa un solo Dios –Padre, Hijo y Espíritu Santo– e indica un solo camino de salvación. Por tanto, creemos, con un solo corazón y una sola alma, todo aquello que se contiene en la Palabra de Dios escrita o transmitida y es propuesto por la Iglesia para ser creído como divinamente revelado.



 


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