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INVOCACIÓN A SAN JOSE PARA PROTECCIÓN

| sábado, 6 de septiembre de 2014
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¡San José,
guardián de Jesús y casto esposo de María,
 tu empleaste toda tu vida
en el perfecto cumplimiento de tu deber.
Tu mantuviste a la Sagrada Familia de Nazaret
con el trabajo de tus manos.
Protege bondadosamente
a los que se vuelven confiadamente a ti.
Tú conoces sus aspiraciones y sus esperanzas.
 Ellos se dirigen a ti
porque saben que tú los comprendes y proteges.

Tú también supiste de pruebas, cansancio y trabajo.
Pero, aun dentro de las preocupaciones
materiales de la vida,
 tu alma estaba llena de profunda paz
y cantó llena de verdadera alegría
debido al íntimo trato que gozaste con el Hijo de Dios
 que te fue confiado a ti a la vez a María,
 su tierna Madre.
Amén.
 
 

VIDA DE SAN JOSE (19 DE MARZO)

| martes, 19 de marzo de 2013
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La historia de la vida de san José, dice Butler, no ha sido escrita por los hombres, pero sus acciones principales las relata el propio Espíritu Santo por medio de los Evangelios.

Lo que de él se dice allí es tan conocido, que apenas necesita comentario: San José era de ascendencia real y su genealogía nos la dan tanto san Mateo como san Lucas. Fue el custodio del buen nombre de Nuestra Señora y por ese motivo, necesariamente confidente de los secretos celestiales; fue el padre adoptivo de Jesús, el encargado de guiar y sostener a la Sagrada Familia y el responsable, en cierto sentido, de la educación de aquel que siendo Dios, se complacía en llamarse «hijo del hombre». Fue el oficio de José el que Jesús aprendió, su modo de hablar el que el Niño habrá imitado; fue José a quien la misma Santísima Virgen pareció investir con los plenos derechos paternales, cuando dijo sin restricción alguna: «Tu padre y yo, apenados, te buscábamos». No es de admirar que el evangelista hiciera suya esta frase y nos diga, refiriéndose a los incidentes ocurridos durante la presentación del Niño en el Templo, que «Su padre y su madre estaban maravillados de las cosas que se decían de Él».


 

De todos modos, nuestros conocimientos positivos referentes a la vida de san José son muy limitados; a la «tradición» conservada en los evangelios apócrifos, hay que considerarla completamente inútil, por provenir de la fantasía, más que de una auténtica transmisión de hechos.

Podemos suponer que se desposó con María, su prometida, de acuerdo con las ceremonias prescritas por el ritual judío, pero no se conoce claramente la naturaleza de este ceremonial, especialmente tratándose de gente humilde, y que José y María eran de esa condición se comprueba por el hecho de que durante la purificación de María en el templo sólo pudieron hacer la ofrenda de dos tórtolas. Esta misma pobreza muestra que es enteramente improbable la historia de la rivalidad de doce pretendientes a la mano de María, los que depositaron sus varas con el Sumo Sacerdote y los portentos que distinguieron de las demás, la vara de José, que fue la única en florecer. Los detalles proporcionados por el llamado «Protoevangelio», por el «Evangelio del pseudo-Mateo», por la «Historia de José, el Carpintero», etc., son, en muchos aspectos, extravagantes y contradictorios entre sí.

Debemos contentarnos con los simples hechos que relatan los Evangelios de que, después de la Anunciación, cuando el embarazo de María entristeció a su esposo, sus temores fueron disipados por una visión angélica; que recibió otros avisos del mismo ángel, primero para que buscara refugio en Egipto y después, para que regresara a Palestina; que estuvo presente en Belén cuando Nuestro Señor fue recostado en el pesebre y cuando los pastores acudieron a adorarle; que también acompañaba a María cuando ésta puso al Niño en los brazos del santo Simeón y, finalmente, que compartió el dolor de su esposa por la pérdida de su Hijo en Jerusalén y su gozo cuando lo encontraron discutiendo con los doctores en el Templo. El mérito de san José se resume en la frase evangélica: «fue un varón justo». Éste es el elogio que hace de él la Sagrada Escritura, y el mayor y mejor que podemos hacer nosotros.


 
 
Aunque ahora se venera especialmente a san José con oraciones que se ofrecen para obtener la gracia de una buena muerte, este aspecto de la devoción popular al santo tardó en ser reconocido. El Rituale Romanum, publicado con autorización en 1614, a pesar de que incluye amplios y antiguos formularios para ayudar a los enfermos y moribundos, no menciona en ninguna parte, incluyendo las letanías, el nombre de san José, y sólo en tiempos recientes se ha reparado esta omisión. Lo que hace este silencio más notable, es el hecho de que la relación que se da de la muerte de san José en la «Historia de José el Carpintero», apócrifa, parece haber sido muy popular en la Iglesia oriental y que esa historia fue el verdadero punto de partida del interés por el santo. Más aún, ahí es donde encontramos el primer indicio de algo relacionado con una celebración litúrgica.

 
 

El reconocimiento que ahora se le otorga a san José en el Occidente, según opinión general, se derivó de fuentes orientales, pero el asunto es muy oscuro. De cualquier modo, debe tenerse en cuenta que la «Historia de José, el Carpintero» se escribió originalmente en griego, aunque ahora sólo la conocemos por las traducciones copta y arábiga. En este documento se hace una narración muy completa de la última enfermedad de san José, de su temor a los juicios de Dios, de sus autoreproches y de los esfuerzos que hicieron Nuestro Señor y su Madre para consolarlo y facilitarle su paso a la otra vida, así como de las promesas que hizo Jesús de proteger, en la vida y en la muerte, a los que hagan el bien en nombre de José. Es fácil comprender que esas supuestas promesas debieron haber causado honda impresión en la gente sencilla; la mayoría, sin duda, creyó que incluían una garantía divina de su cumplimiento. En todas las épocas de la historia del mundo, nos encontramos parecidas extravagancias, que se desarrollan a la par de los grandes movimientos de devoción popular. Lo maravilloso es que, en casi mil años, según parece, no encontramos rasgos reconocibles ni en el Oriente ni en el Occidente, de que tales promesas hayan despertado mucho interés. El Dr. L. Stern, persona altamente autorizada que se interesó mucho por este documento, creía que el original en griego de la "Historia de José, el Carpintero" podía remontarse al siglo IV, pero esta estimación de su antigüedad, en opinión del padre Paul Peeters, es quizás excesiva.
 
Por lo que se refiere a Occidente, hay algunas menciones primitivas -no más atrás del siglo VIII- en martirologios del norte de Francia y Bélgica, que se extendieron luego a Iglaterra e Irlanda, llegando al catálogo de santos (Feliré) de san Oengus. Este testimonio es muy valioso, porque comprueba la presencia de los nombres de santos que él menciona en el documento que usó; pero un martirologio no es un calendario litúrgico y no nos permite concluir que tal o cual santo fuera celebrado en tal o cual fecha en un monasterio u otro. Estas alusiones primitivas fueron más bien un punto de partida para futuros acontecimientos, aunque se desarrollaron lentamente.

En el primer Misal Romano impreso (1474), no se encuentra ninguna conmemoración de san José, ni aparece su nombre en el calendario. En Roma encontramos por primera vez, en 1505, una misa en honor de san José, aunque un breviario romano de 1482 le dedica una fiesta con nueve lecciones. Pero en ciertas localidades y bajo la influencia de maestros individuales, había comenzado un culto notable, mucho antes de esto. Probablemente las representaciones de autos sacramentales en los que, con frecuencia, se asignaba a san José un papel prominente, contribuyeron en parte a este resultado. El Beato Hermán, premonstratense que vivió en la segunda mitad del siglo XII, tomó el nombre de José y creía que se le había concedido la seguridad de obtener su protección especial. Parece que santa Margarita de Cortona, la beata Margarita de Cittá di Castello, santa Brígida de Suecia y san Vicente Ferrer, honraron particularmente a san José en sus devociones privadas. A principios del siglo XV, algunos escritores influyentes, como el cardenal Pedro D´Ailly, Juan Gerson y san Bernardino de Siena, abogaron calurosamente por su causa y sin duda, debido sobre todo a su influencia, antes de finalizar el mismo siglo, la fiesta de san José comenzó a celebrarse litúrgicamente en muchas partes de Europa occidental.

La pretensión de que los carmelitas introdujeron la devoción del Oriente está completamente desprovista de fundamento; el nombre de san José no se menciona en ninguna parte del Ordinarium de Sibert de Beka y, aunque el primer Breviario carmelita que fue impreso (1480), reconoce su fiesta, esto parece haber sido fruto de la costumbre, ya aceptada en Bélgica, en donde se imprimió el mencionado Breviario. El capítulo carmelita celebrado en Nimes en 1498, fue el primero que autorizó formalmente este agregado al calendario de la orden. Pero de ahí en adelante, la devoción se extendió rápidamente y es indudable que el celo y el entusiasmo desplegados por la gran santa Teresa en la causa de san José produjeron una honda impresión en la Iglesia.

En 1621, el Papa Gregorio XV declaró la celebración de san José fiesta de precepto y, aunque después se anuló esta obligación en Inglaterra y otras partes, no por eso ha disminuido, aún en nuestros días, el fervor y confianza de sus innumerables devotos. Testimonio elocuente de este hecho es el gran número de iglesias dedicadas en su honor y las muchas congregaciones religiosas, tanto de hombres como de mujeres, que llevan su nombre.
 

 

fuente:

VIDAS DE LOS SANTOS DE BUTLER
Traducida y adaptada al español por
WIFREDO GUINEA, S. J.
de la Segunda Edición Inglesa revisada por
HERBERT THURSTON, S. I. y DONALD ATTWATER




VIDA DE SAN JOSE (19 DE MARZO)

Posted by : Webmaster
Date :martes, 19 de marzo de 2013
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ORACION A SAN JOSE PARA PROGRESO EN EL TRABAJO

| lunes, 18 de marzo de 2013
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Glorioso San José,
modelo de todos los trabajadores,
obtenme la gracia de trabajar
de manera agradable y diligente
para que resulte favorable para mi
y para mis superiores.
 
Ayudame a trabajar conscientemente,
anteponiendo el deber a mis tendencias e inclinaciones;
para trabajar con gratitud y gozo,
considerando como un honor usar y desarrollar
en mi trabajo los dones que he recibido de Dios;
para trabajar con orden, paz, moderación y paciencia,
y nunca ceder ante el cansancio o las dificultades.
 
Ayúdame a trabajar, sobre todo,
con pureza de intención y desprendimiento,
teniendo siempre ante mis ojos la hora de la muerte
y la cuenta que debo dar a Dios por mi tiempo perdido,
talentos desperdiciados, omisión de buenas obras,
y vana complacencia por el éxito,
tan fatal para el trabajo de Dios.
 
AyAyúdame a progresar en mi trabajo,
que mis esfuerzos sean reconocidos
y que de esta manera pueda obtener
el progreso y un salario justo
para que mi familia no pase necesidades.
 
Todo por Jesús, todo por María,
todo por seguir tu ejemplo,
¡Oh Patriarca San José!
 
Amén
 
 
 
 

ROSARIO DE SAN JOSE PARA UNA PETICION DIFICIL Y URGENTE

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El rosario de San José
Está compuesto por nueve misterios,
divididos en tres partes.
Cada una de ésta partes está compuesta
por una década de cuentas,
haciendo un total de 30 cuentas
en honor a los 30 años que San José
pasó en compañía de Jesús y María.
En cada una de las cuentas se reza un Ave María
y se termina cada década con un Gloria al Padre.

Los Misterios son los siguientes:

Misterios de la Primera década:
 
(HACER LA PETICION)
 
1. La Encarnación
2. La perplejidad de San José
(ante el embarazo de la Santísima Virgen)
3. El nacimiento de nuestro Señor Jesucristo en Belén.

Misterios de la Segunda década:
 
1. La Presentación del Niño Jesús en el Templo.
2. La Huida a Egipto.
3. El niño Jesús hallado en el templo.

Misterios de la Tercera década:
 
1. La vida oculta de Jesús en Nazaret.
2. La muerte de San José.
3. La coronación de San José en el cielo.
 

El Rosario se termina con la siguiente oración:
 
V. Ruega por nosotros, Oh glorioso San José!
R. Para que seamos dignos de alcanzar
 las promesas de Cristo!
 
 
Oración:
 
" Oh Dios, quien predestinaste a San José
desde toda la eternidad para el servicio
de tu eterno Hijo y de su Madre,
y le hiciste digno de ser el esposo
de esta Virgen bendita y padre adoptivo de tu Hijo:
 te rogamos que a través de todos los servicios
que brindó a Jesús y a María en la tierra,
que nos hagas dignos de su intercesión
y nos concedas gozar de la alegría de su compañía
en el cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.
 
Amén.
 
 
 

SUPLICA A SAN JOSE PARA UNA NECESIDAD

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José dulcísimo y Padre amantísimo de mi corazón,
a ti te elijo como mi protector en vida y en muerte;
y consagro a tu culto este día,
en recompensa y satisfacción
de los muchos que vanamente he dado al mundo,
y a sus vanísimas vanidades.
 
Yo te suplico con todo mi corazón
que por tus siete dolores y goces
me alcances de tu adoptivo Hijo Jesús
y de tu verdadera esposa, María Santísima,
la gracia de emplearlos a mucha honra y gloria suya,
y en bien y provecho de mi alma.
 
Alcánzame vivas luces
para conocer la gravedad de mis culpas,
lágrimas de contrición para llorarlas y detestarlas,
propósitos firmes para no cometerlas más,
fortaleza para resistir a las tentaciones,
perseverancia para seguir el camino de la virtud; particularmente lo que te pido en esta oración
 
(hágase aquí la petición)
 
y una cristiana disposición para morir bien.
 
Esto es, Santo mío, lo que te suplico;
y esto es lo que mediante tu poderosa intercesión,
espero alcanzar de mi Dios y Señor,
a quien deseo amar y servir,
como tú lo amaste y serviste siempre,
por siempre, y por una eternidad.
 
Amén.
 
 
 

SUPLICA A SAN JOSE PARA UNA NECESIDAD

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ORACION A SAN JOSE DEL PAPA JUAN XXIII PARA PROTECCION

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"San José, guardián de Jesús
y casto esposo de María,
tu empleaste toda tu vida
en el perfecto cumplimiento de tu deber,
tu mantuviste a la Sagrada Familia de Nazaret
con el trabajo de tus manos.
 
Protege bondadosamente
a los que recurren confiadamente a ti.
 
Tu conoces sus aspiraciones y sus esperanzas.
 
Se dirigen a ti porque saben
que tu los comprendes y proteges.
 
Tu también conociste pruebas,
cansancio y trabajos.
 
Pero, aun dentro de las
preocupaciones materiales de la vida,
tu alma estaba llena de profunda paz
y cantó llena de verdadera alegría
por el íntimo trato que goza con el Hijo de Dios,
el cual te fue confiado a ti
a la vez que a María, su tierna Madre.
 
Amén."
 
 
 

ORACION A SAN JOSE MAESTRO

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Tú, que con la ternura de Maria
hiciste de tu hogar un santuario
haz de nuestros sudores un rosario.
 
Que sepamos rezar con alegría
porque desde que tu José, maestro
de amor, hiciste salmo de tus músculos,
el trabajo es ofrenda de crepúsculos.
 
Avemaría, salve y padrenuestro.
 
Y se llama José la reciedumbre
del sudor, la ansiedad de la herramienta.
 
José el esfuerzo y afán que alienta
el corazón para avivar la lumbre.
 
José se llama la humildad sencilla
el silencio del hombre que labora.
 
José la desazón abrasadora
que va rezando surcos en la arcilla.
 
 
 
 
                          

ORACION A SAN JOSE MAESTRO

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ORACION A SAN JOSE OBRERO PARA NECESIDADES Y TRABAJO

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Nos dirigimos a ti,
Oh bendito San José,
nuestro protector en la tierra,
como quien conoce el valor del trabajo
y la respuesta a nuestro llamado.
 
A través de tu Santa Esposa,
la Inmaculada Virgen Madre de Dios,
y sabiendo el amor paternal
que tuviste a nuestro Señor Jesús,
te pedimos nos asistas en nuestras necesidades
y fortalezcas en nuestros trabajos.
 
Por la promesa de realizar
dignamente nuestras tareas diarias,
líbranos de caer en el pecado,
de la avaricia, de un corazón corrupto.
 
Se tú el solícito guardián de nuestro trabajo,
nuestro defensor y fortaleza
contra la injusticia y el error.
 
Seguimos tu ejemplo y buscamos tu auxilio.
 
Socórrenos en todos nuestros esfuerzos,
para así poder obtener contigo
el descanso eterno en el Cielo,
 
Amén.
 
 
 
 

ORACION A SAN JOSE DE SAN IGNACIO DE LOYOLA

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¡Oh! Custodio y Padre de Vírgenes, San José,
a cuya fiel custodia fueron encomendados
Cristo Jesús y la Virgen Maria.
 
Por estas dos amadísimas prendas,
Jesús Y María,
os suplico con tanta insistencia como humildad
me alcancéis la gracia de que
 manteniéndome puro en la mente,
limpio en el corazón y casto en el cuerpo,
sea siempre castísimo siervo
de Jesús y María.
 
Amén.
 
 
 

ORACION A SAN JOSE DE SAN IGNACIO DE LOYOLA

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